silenciosos deambulando por la noche
y que hay suspiros de aflicción
guardadosd en pechos oprimidos.
Yo siento mi llanto que se ahoga
al ver que se ha cumplido un sueño.
El quejido doloroso de ese humilde soñador
remueve mis congojas.
Yo he escuchado el aullido lastimero
de los perros que tiritan por el frío
y he llorado cuando observo
el rictus de dolor del afligido.
La tristeza de la lluvia se trasmina
la melancolía desborda mis delirios
y el corazón acurrucado
hace más lentos los quejidos.
Yo sé de los llantos de los niños
que exigen el amor que no han tenido
y sé de los rezos de las madres
llorosas por sus hijos que han perdido.
Yo sé que hay pasos de gatos
silenciosos deambulando por la noche
sé que la noche intenta esconder el ruido
y ahogar inútilmente de la presa sus chillidos.
Armando Zamora canizalez
